Ahora que estamos de vuelta es fácil quedarse pensando en las vacaciones. El buen tiempo, los días del dolce far niente nos vienen a la mente una y otra vez. Sin embargo, ese mismo tipo de pensamientos también generan una terrible pereza para retomar todas aquellas cosas buenas que podemos sacar de nuestra rutina. ¿Qué le vamos a hacer? ¡Nos acostumbramos rápido a lo bueno! Aunque hay una manera de sacarle partido a las energías reencontradas: mejorando nuestra capacidad para presentar. ¡Es hora de adoptar algunos hábitos de los grandes presentadores!

Una de esas costumbres pasa por algo que quizá no suene muy obvio: son personas activamente responsables para con su trabajo. Ese es, quizá, el primer y más poderoso hábito que los convierte en personas que se las apañan estupendamente a la hora de hablar en público. Hacen de las presentaciones un objetivo concreto, y actúan para que ese objetivo se cumpla de la mejor de las maneras. Estudian claves de oratoria, retórica y a otros presentadores; buscan oportunidades para exponerse y hablar en público, aceptando incluso las que no esperan; buscan en cada error qué podrían haber hecho mejor.

Con esa actitud, es fácil pasarse la vida pensando en qué quieren conseguir cuando vayan a hablar en público. Con eso en mente, es fácil encontrar las claves del mensaje, porque sin ellas será imposible articular un discurso que se resuma en ese qué decir. Y ese mensaje puede ser siempre cambiante, adaptarse a las diferentes audiencias que puedan encontrar, porque los pilares son siempre los mismos y están tan claros que da igual todo lo demás.

Se atribuye a Einstein aquello de que si no puedes explicar algo de forma sencilla, entonces ni tú lo has entendido en primer lugar. Ahí tienes el tercer hábito. Y es extremadamente útil, especialmente para reponernos en casos de bloqueo donde, por alguna extraña razón, no damos con la manera de explicar algo. Trata de explicar la idea general de tu presentación a alguien conocido, pero céntrate en hablar como si la otra persona tuviera cinco años. Si fracasas en ese ejercicio, no tienes un bloqueo: tienes desconocimiento.

Adopta 6 hábitos de los grandes presentadores

La buena noticia es que encontrarse en esas situaciones es que, donde no nos queda otra que amasar toda la humildad posible y seguir trabajando, se abre la posibilidad de entrenar otro hábito: pensar en cómo todos podemos salir ganando. Nosotros intentamos mejorar la calidad de nuestra comunicación, pero lo hacemos porque queremos que otros adquieran un nuevo valor. Uno que, con suerte, vendrá de nuestra presentación.

Céntrate en dar a la audiencia algo que pueda interesarle y pueda usar. Dicho así suena muy fácil y, desde luego, es algo que cuesta de encajar con un ejemplo al uso. Pero es más fácil si nos ponemos a pensar en que tenemos la solución, una pista o una idea que solvente un problema, complemente o mejore un aspecto, o dé la vuelta a una creencia prestablecida para nuestra audiencia. Y que solo podemos conseguirlo si la audiencia trabaja con nosotros, es un buen punto de partida.

El último hábito del que queremos hablarte parece no tener nada que ver con presentar, pero nada más lejos de la realidad: hay que mantenerse en forma mental y físicamente. Lee sobre presentar y presentadores, usa la inmensa videoteca de Internet para encontrar discursos y ponencias inspiradoras de las que aprender, apúntate a eventos sobre presentaciones como los PechaKucha. Sal a correr, ve en bici o haz algo de fitness y mantén a raya el cortisol (la hormona del stress); cambia tu dieta y elimina los diuréticos o bebe más agua para mejorar tu voz y tu aspecto en general; medita y aprender a observar los pensamientos sin intervenir en ellos para poder concentrarte mejor cuando hables en público.

¿Y tú, conoces algún otro hábito con el que darte energías renovadas y presentar mejor?

 

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By | 2017-09-07T11:39:33+00:00 2 septiembre, 2015|0 Comments

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