“No es slide todo lo que muestra, ni toda presentación se hace con powerpoint.”
— Gandalf, reinventándose y eso.

Las malas presentaciones siempre estuvieron ahí, en la sabana urbana de las relaciones comerciales y los discursos de ideas, marcas y personas. Se les llamaba distinto, pero a nadie sorprenden ya las arengas de palabras desapasionadas, los discursos carentes de valor y mítines insufribles de palabras vacías o técnicas retóricas trilladas.

Lo que pasa es que las malas presentaciones se han sofisticado. Ahora tienen un escenario muy bien definido y cerrado, con sillas acolchadas y acondicionadas, distribuidas meticulosamente según la acústica del local, que son lugares que cuentan sistemas de sonido atronadores y/o proyectores de alta resolución o pantallas HDMI de decenas de pulgadas. Y todo para, por supuesto, slides y diapositivas del Averno.

Documentos rebosantes de bullet points, gráficos, datos en bruto y toda clase de artilugios de tortura comunicacional. Hojas y pantallazos que atentan contra nuestra atención, mermándola desde el minuto uno hasta el… bueno, hasta el que sea, porque seguramente el mensaje y la oratoria que nos arrojen sigan los mismos pasos de las terribles diapositivas a 1080FULL-HD.

Y claro, tanto toparnos con el mismo esquema, una y otra vez, hace que perdamos el gusto como cuando nos acostumbramos a comer pasta y carne, día tras día, hasta que dejamos de percibir el sabor. Empezamos a creer que las presentaciones van de eso -de una colección de slides- y olvidamos que deberían tratar de comunicar. Como olvidamos que van de comunicar, también dejamos de idear maneras de transmitir mejor. Como ya no recordamos lo importante de transmitir mejor, sentarse en un auditorio a atender (o peor: subirse a dar) la enésima charla de tono monocorde parece lo más.

Más allá de las slides

Afortunadamente, el mundo es un sitio maravilloso lleno de gente que no se deja engañar, con comunicadores creativos capaces de darle la vuelta a la tortilla y descubrir nuevas maneras de difundir un mensaje que también entre por los ojos. Porque aunque todo apoyo visual sea una versión de una diapositiva, prezi o powerpoint, hay mil formas de tratar esos apoyos.

Por eso es fácil sentirse agradecido cuando alguien se arremanga y pierde horas de su precioso tiempo en salirse de las formas blandas y cuadriculadas de una serie de slides y diapositivas. Cuando un ponente sale ante su público para disfrutar juntos en un viaje narrativo en el que lo visual baila cuidadosamente con el mensaje. Cuando, después de un buen rato de charla —o después de la misma, repasándola en tu cabeza mientras abres la puerta de la nevera de tu casa—, caes en que, en efecto, ese ponente también usó una secuencia de imágenes para transportar el mensaje.

Pero no eran diapositivas. Eran pequeños juegos cómplices donde la voz cantante la llevaba, precisamente eso, una voz. Prestidigitación comunicativa. Magia en estado puro.

O quizá solo un buen uso de herramientas de realidad aumentada, como en este vídeo de Marco Tempest.

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