No soy vegetariano, ni pienso serlo, pero me es imposible evitar la incomodidad al final de esta presentación. Por eso me parece un ejemplo perfecto del uso de la emoción.

Cuando escuchamos o leemos acerca de cómo usar las emociones en nuestros mensajes, solemos encontrarnos ante ensayos sobre la función de algunas palabras y expresiones. Pretenden inculcarnos que el secreto de un mensaje con sentimiento pasa simplemente por embutir palabras que apelen a nuestra vitalidad y optimismo —si queremos enardecer al público—, o términos enraizados con nuestros miedos para evocar escenas lúgubres.

No considero esos artículos y libros como pseudociencia, ni mucho menos. Me dedico a escribir y entre mis labores está la redacción publicitaria, que se basa en despertar sensaciones en cabezas ajenas, por lo que conozco el poder de las palabras y la potencia que una sola de ellas puede imprimir a un mensaje. Pero limitarse a escoger palabras es algo a lo que nos constreñimos, precisamente, cuando carecemos de espacio para movernos, hablar o mostrar.

Las palabras, emitidas en un escenario ante una audiencia en tiempo real, pueden pasar casi desapercibidas si la interpretación que las acompaña es débil. Y aquí reside lo maravilloso de la pieza de hoy.

 

Viaje por las emociones en 6 minutos

Durante seis minutos, Kate Miles desgrana algunas de las técnicas más cínicas del marketing. Resulta extrañamente divertido y entrañable, como una niña jugando con una lupa junto a un hormiguero.

Durante seis minutos, paladeas la maldad con la que la industria publicitaria suele tergiversar la realidad. Escuchas las tretas, pero no duelen porque se recubren con la dulce animosidad de una voz aguda de ritmo jovial.

Durante seis minutos, sientes el tirón de la complicidad de una cara afable pidiéndote que aparques tus prejuicios, que te relajes, que tampoco está tan mal y te acerques un poco más a su vera.

Durante los últimos quince segundos, la niña desaparece tras la voz grave, la verdad se vuelve amarga y cruel, y te atrapa la trampa a la que te han atraído.

Si te subes al escenario para comunicar un mensaje, más te vale que tu cuerpo esté dispuesto a interpretarlo para esa región cerebral que, palabras aparte, solo entiende de emociones. Muévete rápidamente para marcar un ritmo ascendente y páusate cuando necesites hacer calar el mensaje; sube el volumen con las claves de tu idea y vigila que tu timbre se agudice cuando tu intención sea otra que recalcar.

O lo que es lo mismo: algunos términos ayudan a estimular emociones, pero recuerda que, además de usar las palabras recomendadas por miles de artículos, debes empatizar con lo que dices si realmente quieres llegar a tu público.

¡ACCEDE A MÁS CONTENIDO!
Suscríbete a nuestra newsletter y recibirás totalmente GRATIS la guía "Prepara tu Presentación en 25 Pasos" que ha convertido en mejores presentadores a cientos de personas.
100% libre de spam. Lo odiamos tanto como tú.
By | 2017-09-07T11:39:40+00:00 2 julio, 2014|0 Comments

Leave A Comment

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies.

ACEPTAR
Aviso de cookies