¿Recuerdas la decepción de comparar el aspecto de un producto con su foto promocional, o la de cuando un actor se quita el glamour al lavarse la cara? A veces, a base de cosmética, se acaba dando una imagen equivocada, irreal. Se maquilla tanto la realidad que deja de ser cierta. También pasa en los visuales de presentaciones, cuando un exceso de animaciones, efectos y fantasía acaba adulterando la información.

Así como los católicos tienen la Biblia o los juristas el Código Penal, quienes diseñamos presentaciones tenemos nuestros Slide:ology de Nancy Duarte y Presentación Zen de Garr Reynolds.

Una de las razones por las que estos libros me gustan es porque no se basan en corrientes estéticas que pueden pasar de moda tan pronto como el “Harlem Shake”. Por el contrario, usan los mismos pilares de la comunicación visual que aprendí en mi época de estudiante de diseño, estándares eternos basados en la naturaleza de la óptica y las leyes de la percepción humana.

Te cuento esto porque hace unos días surgió una controversia en un grupo, mientras hablábamos sobre la estética en las diapositivas.

Todo empezó con el siguiente ejemplo sacado del libro de Duarte, un diagrama que ilustra cómo los gráficos en 3d desvirtúan la información.

graficos

Fíjate como, a pesar de existir más perros que gatos, la perspectiva del gráfico en 3D nos engaña visualmente y parece mostrarnos la misma proporción. Por eso jamás usamos este tipo de gráficos; no son fieles a la verdad.

Sin embargo, aparecieron las pegas al presentar la ilustración. Que si el 3D siempre sienta mejor, que si ofrece un aspecto más cuidado, que el flat design es feísimo. Que sí, pero que no.

Por qué la estética no debe estar por encima de la función

  • La estética es un criterio subjetivo, un gusto, compartido por quienes tengan sensibilidades iguales o parecidas.
  • El diseño y la comunicación visual se basan en propiedades inherentes a la condición humana que conectan con la mayoría de las personas.
  • La función de un gráfico es facilitar la comprensión de unos datos para extraer conclusiones con más facilidad. Si el gráfico no es fiel a los datos, solo facilita la generación de conclusiones erróneas.
  • Es poco ético presentar conscientemente información deformada. Demuestras poco respeto a tu audiencia y cuestiona tu criterio profesional.

Ocultar o maquillar datos a base de triquiñuelas visuales, consciente o inconscientemente, es una idea pésima. Además de poner en juego la naturalidad y transparencia de tu presentación y marca personal —motivos más que suficientes para evitar jugársela—, los datos son fácilmente contrastables y la verdad, tarde o temprano, sale a flote por sí sola. Y si aún necesitas alguna razón más, allá va la más práctica: si revientas tu credibilidad, dará igual cuánto hayas elaborado tu mensaje y tu esfuerzo, legítimo o no, será en vano.

 

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