Uno de los cumplidos que puedes recibir como orador es ser “auténtico”. Lo curioso es que eso no significa más que has conseguido ser tú mismo. Algo tan aparentemente sencillo es premiado por la audiencia porque no es lo habitual. Este valor es escaso entre los ponentes por una razón: porque -al contrario de lo que podrías pensar- no surge de manera automática. Aunque suene contradictorio, hay que prepararse para ser auténtico.

Ser auténtico requiere trabajo

Efectivamente, la autenticidad requiere trabajo. Dice Michael Port, reconocido speaker y autor de varios best-sellers sobre hablar en público, que debes conocer tan bien el contenido de tu presentación como para ser totalmente libre al exponer. La falta de preparación no es solo una falta de respeto para tu público, sino que es una gran traba para ti como ponente porque pierdes confianza en ti y en tu mensaje.

Cuando no tienes dominado el contenido y el hilo del discurso, es difícil reaccionar con agilidad. Tu cerebro va a estar más centrado en recordar lo que viene a continuación o si se ha dejado algo -en el pasado- que en las reacciones de su público y en comunicarse con convicción con él -el presente.

Esta diferencia, de estar hablando desde el pasado a hacerlo desde el presente, es lo que genera una auténtica corriente de confianza con tu audiencia. Piensa que lo que tus oyentes están viendo es alguien que les mira, les habla directamente, expresa lo que siente y se esfuerza por comunicarse. Cuando no hay preparación, cuando no hay ensayo, los oyentes ven alguien que trata de recordar lo que tiene que decir, que mira mucho a sus papeles o a su presentación, que recita más que comunicar, que está más preocupado por él mismo que por su público.

Un ponente que ha ensayado es más instintivo porque ha liberado se mente de la presión para poder adaptarse a cualquier situación. Ha tomado sus decisiones con antelación. No duda. Está relajado y, lo más importante, está entusiasmado con poder dar su charla.

Ser auténtico es ofrecer tu mejor versión

Cuando un actor se cree su personaje y actúa como si el personaje fuese real, su público desconecta la perspicacia y se deja llevar por la historia. Eso queremos conseguir también como ponentes, que la audiencia se deje llevar por nuestro mensaje sin estar cuestionando el papel que hace el ponente.

Una de las estrategias que puedes seguir para lograrlo es visualizar la presentación ideal. Como si estuvieras viendo una película desde inicio a fin, imagina que todo va como un reloj, tal cual tú quieres. Y no te veas como crees que va a salir, estás visualizando cómo tú quieres que salga. Como dice Port, eres el protagonista de tu propia película. Observa cómo actúa ese yo ideal, va a ser más fácil que esa presentación ideal sea real para tu audiencia si ya ha sido real en tu mente.

Y aquí viene el riesgo. Cuando no haces esta visualización de tu mejor yo, es fácil caer en el error de tirar de memoria y recordar un buen orador. Te contagiarás de este recuerdo y empezarás a imitarle, cargándote por completo tu autenticidad. Recuerda: sólo los actores experimentados pueden resultar auténticos siendo otra persona.

El ensayo es esencial

Es importante para centrarte en ese presente de conexión con tu audiencia que elimines cualquier otro elemento que te despiste. Estos pueden ser los nervios, la relación con el espacio, la interacción con los medios técnicos. Cuanto más ensayado tengas todo eso, menos atención le prestarás.

Te recomiendo seguir este orden:

  1. Ensaya tu contenido: el mensaje en sí mismo, esto lo puedes hacer en tu escritorio o en el coche. No olvides que no se trata de memorizar un texto, sino una estructura, un camino.
  2. Añade movimiento: una vez interiorizado el mensaje ponlo en acción. El movimiento te ayuda a añadir ritmo y fluidez, conectando voz y cuerpo.
  3. Prueba con público: ensayar solo está bien en un principio, pero necesitas testar cómo funciona con gente de verdad. Necesitas olvidarte de que esto va de ti y tu mensaje. Esto va de ti y de tu audiencia.

El ensayo no tiene que servir para aburrirte y que te dé pereza reproducirlo. Por eso no buscamos que cada ensayo sea milimétricamente igual. Yo particularmente llevo más de 5.400 horas de impartición de cursos acumuladas, con sus respectivos ensayos. Tener mi contenido muy interiorizado y estar de verdad interesado en mi audiencia, me permiten ofrecerlo en cada curso como si fuese la primera vez.

 

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By | 2017-09-07T11:39:31+00:00 21 septiembre, 2016|0 Comments

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