El proyecto reunía a siete ponentes con perfiles, estilos y enfoques muy distintos dentro de un mismo evento. La energía y la creatividad estaban aseguradas. El reto era conseguir que todo aquello funcionara como una experiencia coherente y no como una sucesión de intervenciones desconectadas.
Cuando nos incorporamos al proyecto había muchas ideas en marcha, pero todavía faltaba una estructura narrativa y escénica capaz de dar sentido al conjunto.
Trabajamos en la orientación estratégica de los mensajes, el desarrollo de los guiones y la dirección escénica de las distintas intervenciones para conseguir que todos los ponentes compartieran un mismo tono, ritmo e intención sobre el escenario.
Además del entrenamiento individual de cada participante, ayudamos al equipo a encontrar una dinámica más natural, fluida y divertida frente a la audiencia.
El objetivo no era únicamente coordinar siete presentaciones. Era conseguir que tanto los ponentes como el público sintieran que estaban formando parte del mismo juego.

