Ya hace tiempo que nos pusimos el propósito de enseñaros cómo aplicar diferentes recursos retóricos a las presentaciones. Y hoy nos toca la aliteración que nos encanta.

Habíamos ya quedado en que la retórica se inventó para persuadir con el lenguaje a los ciudadanos que debían apoyar nuestras propuestas. Y con este espíritu buscó las fórmulas que más seducen a los públicos. Ese aspecto casi estético del lenguaje hace que una frase sea más atractiva tan solo con unos retoquitos.

Ese retoquito a veces tiene que ver con jugar con el significado de las palabras, como la analogía de la que hablamos extensamente en otro artículo, y este tipo de retórica es la semántica.

Luego está la retórica morfosintántica que juega con las estructuras de las palabras o las oraciones, tal como hace la epístrofe y la anáfora que mencionamos en un post sobre Obama.

Pero aún no habíamos entrado en el artilugio de seducción más refinado de la retórica: los recursos fónicos. Es decir, los que mejoran el atractivo de las palabras simplemente por el sonido que producen al pronunciarlas.

¿Qué es la aliteración?

La aliteración, dentro de este grupo de recursos, consiste en la repetición de una serie de fonemas (sonidos) dentro de la misma frase con el objetivo de provocar un efecto sonoro.

El ejemplo más conocido es el ’Mi mamá me mima’ que nos enseñan de pequeñitos para aprender precisamente eso: el fonema de la letra “m”.

La aliteración que tienes en la cabeza (y tú sin darte cuenta)

Stan Lee, el ya fallecido creador de universos de superhéroes con querencia al cameo, no reparó en aliteraciones al pensar nombres para sus personajes desde Peter Parker a Silver Surfer, pasando por Stephen Strange, Doctor Doom, Bruce Banner, Fantastic Four o Pepper Potts.

Como ves, la repetición de sonido dentro del nombre ayuda a ser sonoramente más impactante, reconocible y pegadizo.

Y no es que Stan fuese del todo original porque Clark Kent, Lois Lane y Lex Luthor ya corrían por el mundo cuando él era solo un niño. Lo cierto es que la aliteración es casi una tradición en el mundo del cómic en el que seguro te fijas a partir de ahora.

Betty Boop, Little Lulu, Donald Duck, Mickey Mouse y Pedro Picapiedra dan fe.

Y por eso cuando hay que ponerse un nombre artístico es más inteligente caer en un Marilyn Monroe, un John Wayne o un Greta Garbo.

No todos lo tenemos tan fácil como Ronald Reagan que le bastó con sacarse el Wilson de su segundo nombre.

¿Se te ocurre alguno más? ¡Déjanos un comentario!

Algunos ejemplos en la publicidad

Aunque sea una figura explotada en literatura y especialmente en poesía, donde la belleza de los versos se cuida al milímetro, no ha pasado desapercibido su poder de aliteración para el marketing.

Así que, sin saberlo, estás exponiéndote, dejándote seducir por ingeniosas decisiones de publicistas (expertos en naming podríamos llamarles actualmente).

Marcas como Dunking Donuts, PayPal, CocaCola, Rolls-Royce o Kit Kat son valedores de la aliteración. Comenta si se te ocurre alguno para hacer la lista más larga.

Por poner un ejemplo más cercano a nosotros, uno de nuestros cursos estrella se llamaba Reuniones sin Rodeos un título que desde luego dejaba huella. Al integrar este curso en un itinerario con otras competencias que llamamos COMSKills tuvimos que renunciar a este título, porque debíamos estandarizarlo con sus demás cursos compañeros. Eso sí, mantuvimos la aliteración al rebautizarlo como Maestría en Meetings.

¿Y si queremos ir más allá?

Puestos a aprovechar la potencia y adherencia de este recurso retórico, lo podemos aplicar también a los eslóganes. “Picó para picar” de turrones Picó o “Mami, mi Milka” de la marca de chocolate son dos ejemplos.

Aprovecha la aliteración en tus presentación

Ya que has visto múltiples ejemplos de aliteración, va siendo el momento en que pienses en qué partido le vas a sacar para tus presentaciones.

Sin duda, si estamos pensando en su efecto pegajoso, deberíamos considerarlo para mejorar nuestra idea fuerza, mensajes de impacto, las llamadas a la acción, las conclusiones.

Potencia en la sonoridad de esas frases que te gustaría que la gente se llevara de la presentación:

En vez de “Ayúdanos con el cambio y tendremos éxito” puedes terminar con “Colabora con el cambio y lo conseguiremos”.

En vez de “Nuestra prioridad tiene que ser encontrar una estrategia para adelantarnos a la competencia” puedes acercarte y lanzarles “Es urgente tener una estrategia para sacar ventaja a la competencia”.

En vez de “Mi deseo es que toda la organización me ayude y me apoye” puedes acompañar tu sonrisa de un “Me encantaría contar con la cooperación de la compañía al completo”.

Estos son unos mensajes muy genéricos. La idea que es que te puedan inspirar a la hora de trabajar tus propias ideas.



Los pequeños detalles como este, que nos aporta la retórica, son los que hacen brillar más nuestras charlas y presentaciones. Y no es magia. Todo está estudiado y definido. Y solo necesitamos acercarnos a ese conocimiento y aprovecharlo para probar en nuevos contextos. Un enfoque científico que no requiere tanto de inspiración sino de experimentación.

Por eso nos sentimos cómodos con nuestro eslogan “La Ciencia de las Presentaciones” que por cierto suena mucho mejor que “La Ciencia de Presentar”. 😉



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