Siempre asociamos el liderazgo a cuestiones de carácter, de habilidades sociales, de carisma. Hasta aquí bien. Pero suelen pasar más desapercibidas las otras dos patas que sostienen la autoridad de un líder: el estatus y la sabiduría. Hoy nos centramos en la sabiduría que busca una audiencia para dejarse influenciar.

Sabiduría no tiene que ver exactamente con las titulaciones académicas -que estarían más vinculadas al estatus-, sino a la manera de aportar valor a través de compartir conocimiento. Seguro que hay personalidades que cuando empiezan a hablar en una entrevista ya no puedes dejar de escuchar. Compañeros que, por lo que acumulan en su experiencia, cada vez que te explican algo te quedas con la boca abierta. O personas mayores a las que no puedes parar de preguntar cosas porque te asombra el conocimiento que te pueden aportar de un tiempo o de un lugar que tú no conoces. Esas personas son una autoridad para ti. Decides invertir tiempo en escucharlas con atención y te dejas influenciar porque son sabías.

Si queremos reforzar nuestro liderazgo como ponentes tenemos que demostrar esa sabiduría en nuestras charlas.

Información vs. Opinión

Mucha de la gente que va de líder por la vida, realmente no lo es. Simplemente son personas que aprovechan su estatus para repartir opiniones. Es prácticamente imposible sostener una autoridad solamente basándose en juicios. Un verdadero líder de pensamiento es el que recopila información y la trabaja para obtener nuevas conclusiones. No se trata de hacer predicciones, ni de compartir intuiciones personales, sino de trabajarse las ideas.

Si tú quieres tener un contenido que te posicione como fuente de conocimiento, necesitas tener datos reales (para eso hay un montón de investigadores en todos los sectores) y una experiencia propia que valide esos datos. Como dijo W. Edwards Deming, “Sin datos, solo eres una persona más con una opinión”.

Los medios de comunicación, las redes sociales, están confundiendo a las audiencias mezclando información y opinión. Y eso las vuelve más recelosas, más desconfiadas con los mensajes que reciben. Empezar por ofrecer esa clara distinción entre tus datos y tus opiniones es un buen punto de partida para construir tu posicionamiento de experto.

Adereza los datos con storytelling

Una de las cosas más complicadas de trabajar con información es lo fácil que es provocar confusión, hastío o desapego por parte del público. Por eso, una vez tengas tus datos es importante darles un barniz de narrativa. Los datos necesitan un narrador que les dé vida, que los contextualice y los haga comprensibles. El data storytelling es una de las materias que más no gusta enseñar en speakerslab porque cuando encuentras la historia para explicar unos datos farragosos el ponente brilla como nunca. La audiencia destaca su simplicidad, su sencillez, su capacidad de explicar y agradece la información recibida que asume que sin el ponente nunca hubiera entendido (aún teniendo los datos delante).

Recuerda: el 63% del público recuerda las historias y solo el 5% recuerda las estadísticas aisladas.

Por ejemplo, imagina que tienes delante una junta directiva. Tiene que tomar una decisión. Y es tu responsabilidad presentarles el problema y ofrecerles información para ello. Si les presentamos un montón de libros de Excel, con sus respectivos gráficos y ya, lo más probable es que no se decida nada en esa reunión. Esos ejecutivos tendrán la sensación de tener delante algo tan espeso que necesitan mirárselo con calma en el silencio de su despacho para poner expresar su opinión. Sin embargo, si les presentamos un escenario en forma de storytelling que recoja esos datos de manera narrativa y se desarrollen hasta llegar a un árbol de decisiones, esa misma junta estará en disposición de ponerse a debatir tan pronto le des paso, con la misma seguridad que si ella misma hubiera investigado los datos.

Los datos mal contados nos obstaculizan. Los datos bien contados nos ayudan a ser eficaces.

Construye tus fuentes de confianza

Se espera de un experto que se haga responsable de la información que comparte. Así que si tu credibilidad está en juego, más te vale no conformarte con la primera estadística que te encuentres en internet sin fijarte si quiera quien lo publica.

Es tu responsabilidad valorar la credibilidad de las fuentes en quien te soportas. Porque así funciona la cadena de la autoridad. Quiero decir que tú quieres posicionarte como autoridad apoyándote en alguien que es una autoridad para ti. De igual manera que tu referente tendrá también los suyos. Si no somos cuidadosos con quien elegimos como referente puede ser que estemos construyendo un castillo de naipes en vez de con sólidos ladrillos.

Menciona tus fuentes y habla de ellas. Explicar por qué es importante para ti esa fuente, quien es, por qué es una autoridad eleva su credibilidad y la tuya.



Como ves, con una buena base de información, estás un paso más cerca de una autoridad de acero. Entonces sí, ya puedes exponer tus opiniones, valoraciones y orientaciones y que tengan un impacto más allá de recibir un “eso es tu opinión”.



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