Si has tenido la suerte de escuchar una charla tan personal como la de Jill Boyle Taylor, seguro has experimentado algo único. Es impactante como en esta TED Talk nos explica su propia vivencia con un derrame cerebral.

¡Una científica dedicada al estudio del cerebro experimentando en primera persona los efectos de un derrame! Eso es un doble de ethos, para quienes sabéis de qué hablo.

Recuerdo especialmente su calidez personal y conexión, mostrándonos tantas facetas de una sola persona (la fuerte, la miedosa, la curiosa, la divertida, la divulgadora, la débil, la sabia…) que sentí conocerla más íntimamente que a muchas de las personas con las que me cruzo a diario.

Obviamente Jill se ha despojado de todas sus reservas para compartir de la manera más humana posible su experiencia. Y eso, en sí mismo, más allá del valor del mensaje, ya es un premio para la audiencia.

Puedes ver ya prender más sobre ella en nuestro videocurso gratuito Presentaciones Memorables.

Son varios los factores que consiguen una verdadera comunión con el público.

Conectar desde lo personal

Analiza con honestidad tus motivos para dar la charla.

¿Quieres gustar? ¿Te preocupa cómo te ves o suenas? ¿Te preguntas si eres lo suficientemente bueno?

Nada de eso es útil. Concéntrate en tu audiencia, no en ti. ¿Qué puedes darles que les entusiasme? Cuida de ellos y atiende profundamente sus necesidades para llegar a sus corazones y transformar sus mentes. Ese es tu punto de partida.

Como cuando compras un regalo para alguien. No pienses en si quedarás bien, qué pensará de ti. No te pares a pensar si es muy caro, o si es muy barato, o si es muy cutre, o si es poco útil. No compres lo que te gustaría a ti. Piensa sólo en qué le puede fascinar al otro y olvídate de tus prejuicios.

Igual que la charla, el regalo no es para ti, es para tu público.

Acéptate en tu propia piel.

Necesitas estar bien con quién eres, en lugar de esforzarte por ser “un orador profesional”. La naturalidad es un requisito imprescindible apra que no duden de ti. Nadie confía en algo artificial porque se percibe que esconde la realidad.

Simplemente date cuenta de que lo que tienes que decir es algo que sólo tú puedes decir. Por lo tanto, tú ya eres la persona más idónea para hablar de ello.

Tu vulnerabilidad y auto-revelación, como las de la investigadora Boyle, ayudarán a que tu audiencia también se abra. Esta conexión personal es la clave para crear un cambio transformador. ¿Cómo pretendes que la gente se moje si ni tú eres capaz de mojarte?

Revive cada momento desde tu punto de vista personal.

Aunque nos carguemos de un plumazo toda la moda del mindfulness. Vive emocionalmente lo que estás diciendo en ese momento. Pon corazón en tus palabras y enséñanos todo el arco emocional.

Boyle no explica su caso desde la distancia de “bueno, eso ya pasó, ahora todo ok”. Se recrea en cada momento y notamos cómo está volviendo a sentir cada parte de su proceso. No con pausas artificiales, sino transmitiendo realmente el peso de sus palabras. Esto crea una sensación de intimidad que conecta hasta con el más escéptico si se hace desde la verdad.

Utiliza la fórmula CHA-CHA-CHA (Concepto, Historia y Aplicación del público).

Si no eres una persona especialmente inspirada puedes recurrir a este patrón de comunicación. En tu guion, puedes utilizar un código de colores. Por ejemplo, las ideas las destacas con marcador amarillo, las historias con rosa y las aplicaciones con verde.

Memoriza tus ideas amarillas, serán las que te servirán de empuje para lanzar el resto del mensaje sin tener que memorizarlo. Revive y vuelve a contar tus historias rosas desde el estado emocional original, como decía en el punto anterior, para conectarte genuinamente. Pero asegúrate que hay suficiente verde, sino quedará en un monólogo. Recuerda que una charla es un diálogo y tu público debe estar en la propia charla.

En general, nuestros estudiantes tienden a utilizar demasiada distancia con ellos mismos cuando hablan en público. Hablan en plural o en impersonal. Evitan mencionase. No incluyen sus puntos de vista personales. En definitiva, no se muestran.

¿Y cómo vas a conseguir que la audiencia confíe en alguien que no saben quién es?

Definitivamente, esta es una receta para personas valientes.

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