Persuadir a los demás acerca de nuestros propios puntos de vista, ha sido un signo característico en la historia del ser humano. Combinar las palabras, convencer, mover a la acción mediante el contagio emocional, convierte a la oratoria en una habilidad clave. Con el tiempo ha ido adquiriendo una cantidad de principios y reglas, que le han dado fisonomía propia, por lo cual podemos decir adecuadamente que también se trata de una ciencia. Hoy en día, con suficiente esfuerzo y entrenamiento todos podemos convertirnos en eficaces oradores. 

Hay muchas oportunidades de dirigirnos al público: el campo de las leyes, educación, política, ceremonias formales e informales, religión, radio/tv, redes sociales, entre otras. La oratoria ha adquirido en la historia la suficiente versatilidad, para adaptarse y lograr su cometido en estas y otras muchas actividades de la vida social. 


Todo empieza con los griegos


Los griegos siempre han sido los grandes maestros en el campo de las ciencias y la filosofía. En la Grecia antigua comenzó la oratoria, como habilidad apetecida por los ciudadanos debido a su importancia para la vida pública y política. Importaba el contenido del mensaje y la argumentación persuasiva. La oratoria era sólo un componente de la retórica. Sócrates, Aristóteles y los denominados sofistas enfatizaron la instrucción, moral y altos ideales del orador. Lo que importaba era el progreso del Estado. 

Con los romanos empiezan a tomar más valor la forma, el estilo, demostrar superioridad de conocimiento, la apelación a las emociones del público. Cicerón escribió sobre las cualidades de un buen orador. Siempre persiguiendo el fin de convencer a los oyentes, entretenerlos y avivar sus emociones. 

Durante la Edad Media y el Renacimiento, la oratoria forma un cuerpo de reglas y adquiere un modelo más definitivo. Se imparte exclusivamente como materia de educación en la Iglesia. 

El desarrollo de los sistemas parlamentarios en Europa, y el resurgimiento de los ideales democráticos después de la Segunda Guerra Mundial, le permite a esta versátil ciencia, ir cambiando de aspecto y abandonando el estilo formal de los romanos. En esta etapa y aún hoy día importa más el estilo conversacional y las habilidades comunicativas. 

Actualmente hablar a la muchedumbre requiere de un gran esfuerzo intelectual. El que se dirige a las masas debe simplificar sus pensamientos sofisticados en ideas elementales que el público pueda recordar, retener, y dar respuesta en acciones. La televisión y los dispositivos de contenido multimedia presionan sobre esta modalidad de oratoria. 

La oratoria ha sido capaz de acompañar la evolución de episodios históricos y el más amplio espectro popular. Los estudios de esta ciencia se han desarrollado para alcanzar e incitar con el mensaje a intelectuales, trabajadores, barrios populares, campesinos, jóvenes, y otros sectores. Estas técnicas en posesión de las personas correctas son un gran aliado para el progreso social y político de las sociedades. Con esto coincidimos con la vieja escuela ateniense.